La derrota ante la Argentina significó una decepción que se profundizó aun más porque Uruguay, sobre todo en el segundo tiempo, quedó muy lejos de ser la clase de equipo que pretende Marcelo Bielsa.
La evidencia más rotunda de esa versión deshilachada y apagada se puede encontrar en el golazo de Thiago Almada, precedido por una sucesión de toques entre Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Julián Álvarez, ante la contemplación pasiva de mediocampistas y defensores charrúas.
Todos miraban y acompañaban, ninguno ponía la pierna.
Ni un atisbo de la presión tras pérdida de la pelota que caracteriza a los equipos del Loco.